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Felicidad, ¿mito o realidad?

Desde esta tribuna defiendo que la felicidad, esa panacea para curar cualquier mal que nos aflija, puede medirse, evaluarse y, por tanto se puede construir y perseguir. Para ello debemos tener bien afiladas las herramientas, engrasada adecuadamente la maquinaria; en caso contrario nunca encontraremos el momento, la oportunidad de atraparla y hacernos con sus favores.

La felicidad se compone de una parte heredada (sí, viene de serie en tus genes) y también viene dada por la cultura (depende muy mucho de la zona del mundo donde vives), así como de tus circunstancias personales en un momento dado. Estos tres aspectos conformarían lo que queda fuera de nuestro control tangible. Pero además hay una parte -en torno a un 30%- que sí está bajo nuestro control directo y es ahí donde podemos incidir si disponemos de los recursos necesarios. Me estoy refiriendo a nuestra forma particular de ver la vida: filosofía de vida, cómo valoramos lo que nos ocurre, cómo de satisfechos nos encontramos con lo poco o mucho que tengamos, cómo vemos el vaso de lleno. Ya sabes lo que se dice: no es lo que te ocurre, es aquello que haces con lo que te ocurre. Parece obvio pensar en este punto que esto dependerá de mil factores arbitrarios que condicionan nuestra existencia, sin embargo, esa actitud subyacente de paz interior puede entrenarse, estar siempre ahí. Nuestras relaciones, tanto familiares como las amistades. Normalmente nuestra relación con los demás es un reflejo de cómo nos relacionamos con nosotros mismos (idea de autoconcepto, autoestima); es, sin duda, un terreno muy amplio en el que podemos trabajar para mejorar continuamente. Por último, otro punto que quiero destacar es sentirse realizado con un trabajo significativo. Este factor, en el que también podemos influir y que puede entrenarse y enfrentarse desde múltiples facetas, es una de las respuestas más recurrentes en todos los estudios realizados sobre la felicidad. No importa si ganas más o menos, lo verdaderamente importante es que lo que haces aporte significado a tu idea de éxito personal y que comparta tus mismos valores.
Cuando pienses que no eres lo suficientemente feliz, ponte manos a la obra y comienza a trabajar en cualquiera de los aspectos sobre los que sí tienes el control: habilidad interpersonal, determinación, responsabilidad, valores alineados… y un largo etcétera de factores que sí están en tu mano mejorar. 

Piensa un momento que la Felicidad es una comida equilibrada, bien balanceada, donde no faltarían proteínas, hidratos y algo de grasa (de la buena). Cada grupo de nutrientes es importante pero ninguno, por sí solo, puede proporcionarte que experimentes felicidad. La armonía entre ellos será clave para desarrollar esa experiencia de disfrute, satisfacción y significado.
Lo más importante que debes saber es que cada uno de nosotros tiene la capacidad de influir y moldear la experiencia de la felicidad en su propia vida. Que se puede entrenar y trabajar y solamente requiere de un paso previo: tener la determinación de querer ser feliz.

Fuerza y feliz día.

Palabra de coach, Miki.

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Capacidades y otros tesoros

¿Cuáles son los elementos que influyen positivamente en nuestro rendimiento intelectual? ¿Cómo podemos potenciarlos? Respecto a los potenciadores del rendimiento intelectual hay mucha literatura. La mayor parte de ella se fundamenta en cultivar hábitos saludables, es decir: dormir suficientemente, alimentarse de forma equilibrada, realizar ejercicio físico de manera regular… desde esta tribuna me sumo a todas estas premisas, por supuesto; pero además, defiendo la opinión de que con la actitud apropiada, cualquier desafío (smart) que nos propongamos puede realizarse.

Partiendo de esta idea, la “mayor dificultad” sería encontrar ese estado de ánimo adecuado. ¿Qué hacer para ello? Es prioritario entrenarte. Te propongo empezar, por ejemplo, con la siguiente secuencia: párate un minuto, distánciate de tu problemática diaria, obsérvate a ti mismo como si fueras un observador imparcial, piensa, analiza, registra tus emociones según fluyan tus pensamientos … Ya lo sé. No es fácil, persevera y mañana dedícale otro minuto, al día siguiente también, y al siguiente y al otro… abraza con fuerza la bandera de la constancia y la perseverancia, olvídate de los resultados. Los resultados no son malos ni buenos; sino que a partir de la significación que nosotros mismos les damos, los transformamos en acontecimientos negativos o positivos. Nietzsche lo explicó con la frase: “Quién tiene un por qué, encontrará siempre un cómo”. Averigua lo antes posible ¿Cuál es tu por qué? o, como nos gusta preguntar en coaching: ¿Para qué?

Una vez enfoques y trabajes esa actitud que te definirá, accederás a un abanico de nuevas oportunidades y posibilidades que, aunque siempre estuvieron ahí, nunca las viste porque tu foco alumbraba hacia otro lado. Pertenecían a esa zona que ha permanecido tanto tiempo en la sombra, entre penumbras. Cuando te familiarices con tus emociones y con los cambios que en ellas se puedan producir, será como descubrirse de nuevo a sí mismo. Un ser nuevo y maravilloso dentro de aquel otro ajado y amodorrado. Profundiza en esa senda, adquiere, cada vez, más autoconocimiento; tu autoestima y autoconfianza se verán también incrementadas. Confía en ti y en tu “para qué” hago/ quiero/ necesito/ … (la acción la dictas tú) y aléjate de quien vea una amenaza o algo negativo en esa transformación tuya. Insiste. Persevera. Desoye críticas, cuchicheos y excusas, tanto ajenas como propias.

Llegará un día en que te sientas alineado, en aquello que piensas, que dices y que haces, con tu ser y con tu forma de vivir este tiempo regalado al que llamamos vida. Son tus capacidades innatas las que te llevan a fluir sin agobios, de forma natural y en cualquier situación. Has trabajado para deshacerte de tanto maquillaje y ahora te muestras tal cual: reluciente. Además, obtienes la ventaja de haberte habituado a realizar sobre ti un trabajo interior constante, placentero y fructífero.

La recompensa está ahí fuera. Tómala con humildad y agradecimiento.

Palabra de coach, Miki.