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Miedo, manual de uso

Lo primero es aclarar que este artículo está basado en mi experiencia personal y profesional como coach. Es mi visión de cómo ayudar a enfrentar, a gestionar mejor el miedo, pero siempre desde la perspectiva del coaching. Aquí no hablamos de fobias ni de estados prolongados de ansiedad. Estas son patologías que deben ser tratadas por el profesional adecuado.

Mi misión es facilitarte que generes un cambio en tu forma de ver esta emoción. Cómo ves y cómo sientes ese malestar, esa incomodidad, esa pérdida de control que provoca en ti la emoción del miedo y que te impide conseguir tus objetivos marcados: ser más asertiv@, confrontar la opinión de tu jefe, hablar en público, emprender un negocio y un largo etcétera. Por último decirte que lo más importante aquí es que si crees que algo de esto puede ayudarte, no te lo creas sin más, verifícalo con tu experiencia. Hazlo.

¿Qué es el miedo?

Dicho esto, comencemos por saber qué hay tras esta emoción que tanto juego da en consultas de coaching, de psicólogos, en la industria del entretenimiento y, como no, en la industria farmacéutica. El miedo es una emoción básica o primaria como también lo son la alegría, la sorpresa, la tristeza, el asco o la ira. Todas las emociones primarias tienen una función adaptativa y un fin evolutivo. ¿Qué significa esto? Pues que sirven para hacernos más operativos en el mundo en que vivimos salvaguardando la protección del individuo y de su especie.

Son universales, es decir, se manifiestan en todas las culturas. Otra curiosidad es que tienen una expresión facial y corporal determinada.

El miedo se activa ante la percepción real o imaginaria de determinados estímulos que consideramos que amenazan o podrían amenazar nuestro bienestar físico o psicológico. Fijaros bien en los términos utilizados: «consideramos», aquí el abanico de percepciones subjetivas es infinito, o «podrían amenazar», a veces ocurre -muchas veces- que el estímulo aún no se ha producido pero nuestra reactividad va por delante y sentimos psicológica y fisiológicamente igual que si ya nos hubiera ocurrido el hecho/estímulo que desencadena la emoción.

¿Qué ocurre cuando sentimos miedo?

Se acelera el ritmo cardiaco, sudoración, dilatación de pupilas, palidez, tensión del tono muscular que, en casos extremos, puede provocar agarrotamiento de los mismos, lo que conocemos como «quedarse paralizado». Todo forma parte de una respuesta adaptativa que nos prepara para la huida/evitación o el enfrentamiento. La palidez facial, por ejemplo, se debe a que el SNA (sistema nervioso autónomo o involuntario) desvía más cantidad de flujo sanguíneo a las extremidades por si tenemos que correr, luchar…

Cuando nos sentimos bajo el yugo del miedo perdemos la capacidad de procesar los pensamientos adecuadamente experimentando una sensación de pérdida de control y de predicción de la situación. Esto genera malestar, confusión e inseguridad.

¿Cómo enfrentar el miedo desde la perspectiva del coaching?

Partiendo de un objetivo SMART, esto es: específico, medible, alcanzable, realista y acotado en el tiempo, vemos un caso concreto, por ejemplo, pedirle a tu jefe un aumento de sueldo. Pues realizamos, a través de la mayéutica, un ejercicio para facilitar la autoexploración reflexiva. ¿Esto qué significa? Se trata de evaluar, a la par de hacer consciente las siguientes premisas: el compromiso con el objetivo, las creencias que te encadenan a la situación actual y el modelo mental que rige tu actitud y comportamiento. Es muy importante que la declaración del objetivo se haga en positivo, es decir: «lo que sí quiero» en lugar de declarar lo que no quiero. Declarar «no tener miedo a la hora de pedir un aumento», no es un objetivo adecuado. Aunque nos lo repitamos 50 veces antes de acudir a nuestro jefe a solicitárselo, el miedo estará siempre presente. Debemos incidir en nuestra confianza, nuestra seguridad, nuestros méritos contrastados, nuestra impecable trayectoria… Debemos poner el foco sobre lo que sí queremos. Queremos tener coraje, determinación, confianza para pedir nuestro merecido aumento. Siempre que piensas en términos de no tener miedo estas poniendo el foco en el miedo y eso disminuye muchísimo tus posibilidades de éxito. La pauta recomendable sería:

  • modifica la relación que, hasta ahora, has mantenido con el miedo: legitímalo, está ahí para ayudarte, es tu aliado.
  • se más consciente de cuándo ocurre y por qué; qué tienen en común las diferentes situaciones donde lo identificas.
  • con el trabajo anterior ya hecho, atrévete a buscar una pausa para responder desde tus recursos/capacidades y dejar de ser tan reactivo. Siéntete merecedor de ello.
  • incrementa tus niveles de confianza y seguridad con una progresiva exposición o desafíos de mayor nivel.
  • busca la ayuda de un coach que te facilite estos aprendizajes porque todo esto puede entrenarse.
  • por último, estudia el contexto de la situación concreta, petición de aumento de sueldo. Te sientes preparado, ¿cuál es el mejor momento? Ahí esta tu oportunidad. Si la dejas pasar se perderá o la tomará otro. Da el paso. Los beneficios que obtienes al enfrentar ese miedo son mucho más que unos cuantos euros -que esta genial- más al mes, es algo que te hace más grande por dentro y que se acaba percibiendo desde fuera. Verifícalo.

Conclusión

Utiliza el miedo para conocerte un poco mejor. Observa cómo te afecta y que relación mantienes con él, identifica las causas, ponles nombre para poder trabajar sobre ellas. Mi recomendación es hacerlo siempre desde un lugar amable y positivo: desde la curiosidad, la sorpresa, el amor propio y, por supuesto, desde el amor que sientes por tus seres queridos. Nunca desde la crítica y la hostilidad hacia uno mismo. Y no olvides nunca que el miedo es tu aliado y que puede ayudarte a ser mejor persona cada vez que lo enfrentas.

Palabra de coach, Miki

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El cambio como constante en la mejora personal

Cuando por fin llegas a comprender, a experimentar, a saber que la vida que vivimos -esta sucesión de cosas que nos ocurren y que hemos pactado encorsetar en horas, días, semanas y años-, es como un pasajero invitado en un tren de ruta desconocida y kilómetros limitados; cuando tomas consciencia de que lo único constante en tu vida es el cambio y la única certeza la finitud de tus días, sólo entonces te sentirás comprometido con tu destino y desearás ser el primer protagonista de esta maravillosa función a la que llamamos vida.

Conceptual image of personal and career promotion

Llegados a ese punto, ya sabrás que el término presente, también significa obsequio o regalo. Pues ahí, en ese instante, es donde estás en el momento de esta lectura: en el presente, disfrutando (si estás aquí es porque ya lo haces o deseas hacerlo) del regalo de la vida.

Todo comienza con una elección, con el deseo de conquistar uno o varios objetivos que te conducen a la meta deseada. Efectivamente, tienes que tomar una decisión, y no creas que porque la prorrogues unos meses no estás decidiendo, no, lo que has hecho es tomar la decisión de no decidir. Eso, por supuesto, te mantiene en el mismo lugar de partida pero con menos tiempo para actuar y quizás alguna que otra piedra más en la mochila: más estrés, frustración y sufrimiento.

El gran maestro Buda decía que un momento puede cambiar tu vida. A mí me gusta cambiar la palabra momento por decisión (la mía). Prueba ahora a leerlo de esta otra manera: una decisión (que tomes u omitas) puede cambiar tu día. Si cambias tu día una vez puedes hacerlo más veces y los resultados de implementar esos cambios pronto aparecerán.

Queramos o no, la vida es cambio, sin embargo, podemos trabajar intencionadamente para que esos cambios afecten de forma positiva a nuestra existencia. El primer paso es comenzar a creer en ti. Sí, lo sé, parece sencillo dicho así en tres palabras pero, ¿cómo hago para creer, creer más, en mí?

Ineludiblemente, nos guste más o menos, creamos o no en esas cosas, debemos partir del «conócete a ti mismo» inscrito en el Templo de Apolo en Delfos (antigua Grecia, s. IV a. C.). El autoconocimiento es imprescindible para la mejora diaria. Pensarse, autoexplorarse, reflexionar sobre uno mismo, tus valores, tu misión y tu visión del mundo, nos hace mejorar como personas en todos y cada uno de nuestros roles diarios.

Mi experiencia me dice que hay personas que no se sienten cómodas ante una mirada introspectiva. En la mayoría de los casos es porque se observan desde un lugar equivocado. Desde la crítica y el juicio, con falta de estima hacia ellos mismos. Un coach experimentado puede revertir este punto de vista haciendo uso de una mayéutica poderosa y ecológica con el cliente, iniciando este una autoexploración empoderante que genera toma de consciencia y autoresponsabilidad. 

«Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.»

Viktor Frankl

La aportación del coach consiste en facilitar al cliente de un modo empático un espacio de confianza, de escucha activa y de comunicación directa. Generar consciencia a través de la indagación. Consolidar esos nuevos paradigmas diseñando acciones orientadas a objetivos concretos. A veces pensamos en objetivos aparentemente grandes, hablo siempre de objetivos reales y alcanzables, pero si los dividimos en un número mayor de pequeños objetivos y los acompañamos de un plan de acción óptimo, acabaremos cumpliéndolos, sin duda. Por muy grande que sea una pizza, cuando estás lo suficientemente hambriento (motivado), bocado a bocado, acabas con ella. No hay objetivos grandes sino preparación y planificación deficientes.

Siempre encontraremos obstáculos o excusas que nos detengan, demoren o nos hagan dudar de lo que hacemos o -incluso- de quiénes somos. Son las distintas máscaras del miedo. Si encendemos la luz cada vez que sentimos miedo, nunca aprenderemos a responsabilizarnos de nuestra vida. Aguanta, enfrenta, interioriza ese momento, ese logro que jamás nadie podrá negarte. Porque es tuyo. Creado a partir de la toma de responsabilidad de tu propia vida.

A partir de ahí, constrúyete, crece, ambiciona y prepárate para nuevos desafíos. Registra cada logro, te servirán como escudo protector para cuando vengan más obstáculos (siempre los hay), pero para entonces tu confianza será mayor, tu compromiso total y tu forma de ver el mundo diferente; enfocada en tus metas y en tu propósito vital.

Valores, creencias y deseos alineados. La libertad de decidir y la confianza de que, aunque las cosas no salgan como quieres, estarás bien. Con energía, con ganas de seguir, de disfrutar de tu presente.

Palabra de coach, Miki.