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Dichosos propósitos

Pilares de un buen propósito

Tras el regreso vacacional, la mayoría de los mortales ya nos hemos incorporado a nuestras rutinas laborales, llega el momento de dedicar un tiempo de reflexión a planificar lo que queda de año y gran parte del año próximo.

Mi sugerencia, basada en mi experiencia y en mi conocimiento, sería realizar esta planificación al regreso de las vacaciones, con las pilas cargadas, la mente despejada y la agenda todavía sin colapsar. En mi opinión es un error aguardar al cambio de año, muy común en los países latinos, para auto-bombardearnos con promesas de todo tipo a cual más complicada de cumplir.

«Nada contribuye tanto a tranquilizar la mente como tener un propósito estable, un punto donde el alma pueda fijar su visión.”

Mary Shelley

Un buen propósito debe cumplir unos requisitos mínimos.

  • Es prioritario y fundamental que tu propósito dependa exclusivamente de ti. Si depende de terceras personas, del azar, etc. No vas por buen camino.
  • Debe ir de la mano de lo que amas, de aquellas actividades que realizarías sin fijarte en el reloj.
  • Es muy conveniente que ya poseas o puedas desarrollar habilidades relacionadas con tu propósito.
  • Si hablamos de actividades económicas, no puedes olvidar que ese propósito tiene que darte para pagar tus facturas.

Recuerda siempre que nuestro grado de satisfacción con lo que hacemos depende más de la propia actitud que de factores externos. Aunque parezca obvio, es bueno reseñar que si no trabajas en ti y en tu propio propósito, acabarás haciéndolo para el propósito de otros.

¿Y tú, ya tienes claro tu propósito?

Si deseas profundizar en este tema o averiguar si ese propósito que tienes en mente es viable para ti, no dudes en contactar. La toma de contacto, tu primera sesión -en persona o vía online- siempre es gratuita.

¡Buen propósito!

Palabra de coach, Miki.

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Conflictos

Estamos rodeados de conflictos externos en el desempeño de nuestros distintos roles prácticamente durante todo el día. Eso sin contar con los conflictos internos que vamos arratrando como una pesada losa que lastra nuestra comunicación intra e interpersonal.

¿Quién no está preocupado en menor o mayor medida por algún conflicto en su vida? Y está claro que tratar de evitarlo no es la solución adecuada -eso no hará que desaparezca-, es más, si tomas la errónea decisión de mirar hacia otro lado, ¿que ocurriría si el conflicto empeorase, trascendiera a un nivel superior? Podríamos convertir esa situación en algo más serio, incluso irreversible.

Partamos de una idea básica: el conflicto no deja de ser la existencia de dos -o más- puntos de vista contradictorios que entran en contacto. Es decir, dos o más personas que tienen una percepción de la realidad diferente sobre un asunto en particular. ¿Cómo ordenar un armario o una habitación? ¿Cómo enfocar una tarea en equipo? ¿De qué forma priorizar los procesos en un entorno laboral? Etc., etc.

Es sencillamente imposible que todos estemos de acuerdo en todas aquellas interacciones que ejecutamos y compartimos con otros. Esta es una premisa básica. Entonces, si damos por hecho que «el otro» no tiene por qué pensar igual que yo, ¿qué activa el conflicto? ¿cuál es su principal resorte?

La primera causa, siempre, es la falta de comunicación. La comunicación requiere esfuerzo, tiempo, intención en el lenguaje, mente abierta, humildad y escucha activa. Si escuchamos con atención al otro intentando no juzgar su argumento, encontraremos, sin duda, los motivos subyacentes que avalan su postura. Esto nos facilita un grado de comprensión al que quizás no hayamos llegado anteriormente desde nuestra propia e inmóvil postura. Tratar de comprender no es compartir, ni mucho menos justificar. Pero sí abre otros caminos que pueden enriquecer los intereses de los protagonistas y te brinda la oportunidad de crecer como persona por dentro y también por fuera, esto es, en el rol que desempeñes en ese entorno conflictivo.

¿Qué no debo hacer ante un conflicto?

Huir del conflicto solamente te llevará a cronificarlo y potenciarlo. No funciona.

También podemos utilizar nuestra fuerza (posición, rol, poder). Suele acabar rápidamente con el conflicto pero provoca ruptura de comunicación y resentimiento. Lo normal en estos casos es que el conflicto surja con un mayor potencial más adelante.

Ceder siempre. Esta postura puede generar que te asignen el rol de débil y no se tenga en cuenta tu opinión o pierda peso en futuras ocasiones. Con humildad y asertividad debemos defender nuestra posición. Alguna vez está genial, no siempre.

«La diferencia entre un obstáculo y un escalón es el lugar desde dónde enfoco el asunto.»

Miki Vázquez

¿Cuál es la solución más adecuada?

Construir, entre los integrantes del conflicto, un espacio neutral donde poder exponer las necesidades e intereses de cada uno. Cada parte describe una necesidad y ambas trabajan para crear un marco donde pueda ser satisfecha. Así, paso a paso con cada uno de los inereses de las partes.

Parece fácil, pero no lo es. Porque para llegar hasta ahí, necesitamos realizar un trabajo previo con nosotros mismos. Es sumamente importante que estemos limpios de prejuicios, que tengamos voluntad de entender el conflicto: ¿por qué se ha producido?, de comprender nuestra posición dentro de él: ¿cuál es mi papel en este asunto? ¿cómo me hace sentir esto? y de entender al otro: ¿cómo entiende la otra persona el conflicto? ¿cómo se siente con esto?

Todo esto requiere una visión serena, confiada y abierta en posibilidades de solución y en oprtunidades de mejora. Marcarse un objetivo SMART que enriquezca la relación es un primer paso en la dirección adecuada.

Como siempre, esta es mi visión, un esbozo ya que este tema es mucho más profundo. No te lo creas, verifícalo con tu experiencia. El conocimiento no se convierte en sabiduría hasta que lo ponemos en práctica.

Si necesitas ayuda como individuo o en tu organización para gestionar conflictos de manera enriquecedora y productiva, no dudes en contactar. Solo llegas antes, pero acompañado llegarás más lejos.

Palabra de coach, Miki

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Miedo, manual de uso

Lo primero es aclarar que este artículo está basado en mi experiencia personal y profesional como coach. Es mi visión de cómo ayudar a enfrentar, a gestionar mejor el miedo, pero siempre desde la perspectiva del coaching. Aquí no hablamos de fobias ni de estados prolongados de ansiedad. Estas son patologías que deben ser tratadas por el profesional adecuado.

Mi misión es facilitarte que generes un cambio en tu forma de ver esta emoción. Cómo ves y cómo sientes ese malestar, esa incomodidad, esa pérdida de control que provoca en ti la emoción del miedo y que te impide conseguir tus objetivos marcados: ser más asertiv@, confrontar la opinión de tu jefe, hablar en público, emprender un negocio y un largo etcétera. Por último decirte que lo más importante aquí es que si crees que algo de esto puede ayudarte, no te lo creas sin más, verifícalo con tu experiencia. Hazlo.

¿Qué es el miedo?

Dicho esto, comencemos por saber qué hay tras esta emoción que tanto juego da en consultas de coaching, de psicólogos, en la industria del entretenimiento y, como no, en la industria farmacéutica. El miedo es una emoción básica o primaria como también lo son la alegría, la sorpresa, la tristeza, el asco o la ira. Todas las emociones primarias tienen una función adaptativa y un fin evolutivo. ¿Qué significa esto? Pues que sirven para hacernos más operativos en el mundo en que vivimos salvaguardando la protección del individuo y de su especie.

Son universales, es decir, se manifiestan en todas las culturas. Otra curiosidad es que tienen una expresión facial y corporal determinada.

El miedo se activa ante la percepción real o imaginaria de determinados estímulos que consideramos que amenazan o podrían amenazar nuestro bienestar físico o psicológico. Fijaros bien en los términos utilizados: «consideramos», aquí el abanico de percepciones subjetivas es infinito, o «podrían amenazar», a veces ocurre -muchas veces- que el estímulo aún no se ha producido pero nuestra reactividad va por delante y sentimos psicológica y fisiológicamente igual que si ya nos hubiera ocurrido el hecho/estímulo que desencadena la emoción.

¿Qué ocurre cuando sentimos miedo?

Se acelera el ritmo cardiaco, sudoración, dilatación de pupilas, palidez, tensión del tono muscular que, en casos extremos, puede provocar agarrotamiento de los mismos, lo que conocemos como «quedarse paralizado». Todo forma parte de una respuesta adaptativa que nos prepara para la huida/evitación o el enfrentamiento. La palidez facial, por ejemplo, se debe a que el SNA (sistema nervioso autónomo o involuntario) desvía más cantidad de flujo sanguíneo a las extremidades por si tenemos que correr, luchar…

Cuando nos sentimos bajo el yugo del miedo perdemos la capacidad de procesar los pensamientos adecuadamente experimentando una sensación de pérdida de control y de predicción de la situación. Esto genera malestar, confusión e inseguridad.

¿Cómo enfrentar el miedo desde la perspectiva del coaching?

Partiendo de un objetivo SMART, esto es: específico, medible, alcanzable, realista y acotado en el tiempo, vemos un caso concreto, por ejemplo, pedirle a tu jefe un aumento de sueldo. Pues realizamos, a través de la mayéutica, un ejercicio para facilitar la autoexploración reflexiva. ¿Esto qué significa? Se trata de evaluar, a la par de hacer consciente las siguientes premisas: el compromiso con el objetivo, las creencias que te encadenan a la situación actual y el modelo mental que rige tu actitud y comportamiento. Es muy importante que la declaración del objetivo se haga en positivo, es decir: «lo que sí quiero» en lugar de declarar lo que no quiero. Declarar «no tener miedo a la hora de pedir un aumento», no es un objetivo adecuado. Aunque nos lo repitamos 50 veces antes de acudir a nuestro jefe a solicitárselo, el miedo estará siempre presente. Debemos incidir en nuestra confianza, nuestra seguridad, nuestros méritos contrastados, nuestra impecable trayectoria… Debemos poner el foco sobre lo que sí queremos. Queremos tener coraje, determinación, confianza para pedir nuestro merecido aumento. Siempre que piensas en términos de no tener miedo estas poniendo el foco en el miedo y eso disminuye muchísimo tus posibilidades de éxito. La pauta recomendable sería:

  • modifica la relación que, hasta ahora, has mantenido con el miedo: legitímalo, está ahí para ayudarte, es tu aliado.
  • se más consciente de cuándo ocurre y por qué; qué tienen en común las diferentes situaciones donde lo identificas.
  • con el trabajo anterior ya hecho, atrévete a buscar una pausa para responder desde tus recursos/capacidades y dejar de ser tan reactivo. Siéntete merecedor de ello.
  • incrementa tus niveles de confianza y seguridad con una progresiva exposición o desafíos de mayor nivel.
  • busca la ayuda de un coach que te facilite estos aprendizajes porque todo esto puede entrenarse.
  • por último, estudia el contexto de la situación concreta, petición de aumento de sueldo. Te sientes preparado, ¿cuál es el mejor momento? Ahí esta tu oportunidad. Si la dejas pasar se perderá o la tomará otro. Da el paso. Los beneficios que obtienes al enfrentar ese miedo son mucho más que unos cuantos euros -que esta genial- más al mes, es algo que te hace más grande por dentro y que se acaba percibiendo desde fuera. Verifícalo.

Conclusión

Utiliza el miedo para conocerte un poco mejor. Observa cómo te afecta y que relación mantienes con él, identifica las causas, ponles nombre para poder trabajar sobre ellas. Mi recomendación es hacerlo siempre desde un lugar amable y positivo: desde la curiosidad, la sorpresa, el amor propio y, por supuesto, desde el amor que sientes por tus seres queridos. Nunca desde la crítica y la hostilidad hacia uno mismo. Y no olvides nunca que el miedo es tu aliado y que puede ayudarte a ser mejor persona cada vez que lo enfrentas.

Palabra de coach, Miki

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La diana de la positividad

Cuando colocamos el foco sobre las cosas positivas, comienzan a ocurrirnos cada vez más y más hechos positivos en nuestra vida; esto pasa porque nuestra visión de la realidad, es decir, la realidad que con nuestra actitud y nuestros actos ayudamos a construir cada día, queda «barnizada» por la energía auténtica y provechosa de nuestras acciones.

happy curvy hispanic woman with afro hair in city using mobile phone and headset. Body positivity

Todo nuestro ser está impregnado de ese fantástico aroma de lo eficaz, de lo válido; nuestro paso por la oficina, la factoría, las aulas… es una compleja suma de pequeños detalles  –un gesto cordial, un guiño de complicidad, una sonrisa–  y de insignificantes pero efectivas acciones que, todas juntas, resultan imprescindibles para alcanzar una actitud afirmativa, una alternativa a lo que, por experiencia, sabemos que puede llegar a ser un nuevo pero rutinario, vacío y desmotivador día en la oficina, en la fábrica, en el aula o en casa.

No desaproveches tus días o, por lo menos, no inconscientemente. Párate a observarte. Toma cartas en el asunto, al fin y al cabo, está en juego tu vida presente y futura. Responsabilízate de tus actos con el objeto de no victimizarte y disponer del poder de mejorar los resultados obtenidos. Agradece a los demás cada gesto desinteresado e intenta no juzgarlos cuando no dicen o hacen lo que crees que debieran decir o hacer. Confía en ti y en que tu actitud positiva será el mejor ejemplo. No busques con tus acciones unas consecuencias ya premeditadas, intenta situarte imparcial en la situación y responder a ella con responsabilidad, autenticidad, con alegría y con amor hacia ti y también a los demás (a través del respeto, de la escucha, de la humildad…) Toda persona desea ser oída, todo ser humano anhela despertar interés en otros  –es parte de una estrategia trazada ya en nuestro mapa genético–  sitúate ahí, en ese punto; escucha, observa a tu interlocutor, intenta comprender sus razones (comprender no es compartir) y las emociones que subyacen en su tono de voz, en los gestos de su rostro, en su corporalidad y, al fin, en sus palabras. Esta información, a poco que tu escucha sea sincera y activa, te vendrá sin esfuerzo, sin llegar a pensar en ello. La tienes y es tu responsabilidad utilizarla para una mejor comprensión de la realidad colectiva, es decir, aquella que compartimos con otros individuos.

Al compartir esta visión, estamos expandiendo nuestra actitud positiva en otros y estos, a su vez, en nosotros y en otros muchos; de manera que generamos una corriente positiva que no tiene fin y cuyos resultados son palpables en cualquier sistema humano u organización de índole diversa donde queramos implementarlo.

Responsabilidad y consciencia en nuestros actos. Todo está interconectado. 

No olvides una cosa: tu actitud te define.

Palabra de coach, Miki.