Cuando por fin llegas a comprender, a experimentar, a saber que la vida que vivimos -esta sucesión de cosas que nos ocurren y que hemos pactado encorsetar en horas, días, semanas y años-, es como un pasajero invitado en un tren de ruta desconocida y kilómetros limitados; cuando tomas consciencia de que lo único constante en tu vida es el cambio y la única certeza la finitud de tus días, sólo entonces te sentirás comprometido con tu destino y desearás ser el primer protagonista de esta maravillosa función a la que llamamos vida.

Llegados a ese punto, ya sabrás que el término presente, también significa obsequio o regalo. Pues ahí, en ese instante, es donde estás en el momento de esta lectura: en el presente, disfrutando (si estás aquí es porque ya lo haces o deseas hacerlo) del regalo de la vida.
Todo comienza con una elección, con el deseo de conquistar uno o varios objetivos que te conducen a la meta deseada. Efectivamente, tienes que tomar una decisión, y no creas que porque la prorrogues unos meses no estás decidiendo, no, lo que has hecho es tomar la decisión de no decidir. Eso, por supuesto, te mantiene en el mismo lugar de partida pero con menos tiempo para actuar y quizás alguna que otra piedra más en la mochila: más estrés, frustración y sufrimiento.
El gran maestro Buda decía que un momento puede cambiar tu vida. A mí me gusta cambiar la palabra momento por decisión (la mía). Prueba ahora a leerlo de esta otra manera: una decisión (que tomes u omitas) puede cambiar tu día. Si cambias tu día una vez puedes hacerlo más veces y los resultados de implementar esos cambios pronto aparecerán.
Queramos o no, la vida es cambio, sin embargo, podemos trabajar intencionadamente para que esos cambios afecten de forma positiva a nuestra existencia. El primer paso es comenzar a creer en ti. Sí, lo sé, parece sencillo dicho así en tres palabras pero, ¿cómo hago para creer, creer más, en mí?
Ineludiblemente, nos guste más o menos, creamos o no en esas cosas, debemos partir del «conócete a ti mismo» inscrito en el Templo de Apolo en Delfos (antigua Grecia, s. IV a. C.). El autoconocimiento es imprescindible para la mejora diaria. Pensarse, autoexplorarse, reflexionar sobre uno mismo, tus valores, tu misión y tu visión del mundo, nos hace mejorar como personas en todos y cada uno de nuestros roles diarios.
Mi experiencia me dice que hay personas que no se sienten cómodas ante una mirada introspectiva. En la mayoría de los casos es porque se observan desde un lugar equivocado. Desde la crítica y el juicio, con falta de estima hacia ellos mismos. Un coach experimentado puede revertir este punto de vista haciendo uso de una mayéutica poderosa y ecológica con el cliente, iniciando este una autoexploración empoderante que genera toma de consciencia y autoresponsabilidad.
«Cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos.»
Viktor Frankl
La aportación del coach consiste en facilitar al cliente de un modo empático un espacio de confianza, de escucha activa y de comunicación directa. Generar consciencia a través de la indagación. Consolidar esos nuevos paradigmas diseñando acciones orientadas a objetivos concretos. A veces pensamos en objetivos aparentemente grandes, hablo siempre de objetivos reales y alcanzables, pero si los dividimos en un número mayor de pequeños objetivos y los acompañamos de un plan de acción óptimo, acabaremos cumpliéndolos, sin duda. Por muy grande que sea una pizza, cuando estás lo suficientemente hambriento (motivado), bocado a bocado, acabas con ella. No hay objetivos grandes sino preparación y planificación deficientes.
Siempre encontraremos obstáculos o excusas que nos detengan, demoren o nos hagan dudar de lo que hacemos o -incluso- de quiénes somos. Son las distintas máscaras del miedo. Si encendemos la luz cada vez que sentimos miedo, nunca aprenderemos a responsabilizarnos de nuestra vida. Aguanta, enfrenta, interioriza ese momento, ese logro que jamás nadie podrá negarte. Porque es tuyo. Creado a partir de la toma de responsabilidad de tu propia vida.
A partir de ahí, constrúyete, crece, ambiciona y prepárate para nuevos desafíos. Registra cada logro, te servirán como escudo protector para cuando vengan más obstáculos (siempre los hay), pero para entonces tu confianza será mayor, tu compromiso total y tu forma de ver el mundo diferente; enfocada en tus metas y en tu propósito vital.
Valores, creencias y deseos alineados. La libertad de decidir y la confianza de que, aunque las cosas no salgan como quieres, estarás bien. Con energía, con ganas de seguir, de disfrutar de tu presente.
Palabra de coach, Miki.


