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La diana de la positividad

Cuando colocamos el foco sobre las cosas positivas, comienzan a ocurrirnos cada vez más y más hechos positivos en nuestra vida; esto pasa porque nuestra visión de la realidad, es decir, la realidad que con nuestra actitud y nuestros actos ayudamos a construir cada día, queda «barnizada» por la energía auténtica y provechosa de nuestras acciones.

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Todo nuestro ser está impregnado de ese fantástico aroma de lo eficaz, de lo válido; nuestro paso por la oficina, la factoría, las aulas… es una compleja suma de pequeños detalles  –un gesto cordial, un guiño de complicidad, una sonrisa–  y de insignificantes pero efectivas acciones que, todas juntas, resultan imprescindibles para alcanzar una actitud afirmativa, una alternativa a lo que, por experiencia, sabemos que puede llegar a ser un nuevo pero rutinario, vacío y desmotivador día en la oficina, en la fábrica, en el aula o en casa.

No desaproveches tus días o, por lo menos, no inconscientemente. Párate a observarte. Toma cartas en el asunto, al fin y al cabo, está en juego tu vida presente y futura. Responsabilízate de tus actos con el objeto de no victimizarte y disponer del poder de mejorar los resultados obtenidos. Agradece a los demás cada gesto desinteresado e intenta no juzgarlos cuando no dicen o hacen lo que crees que debieran decir o hacer. Confía en ti y en que tu actitud positiva será el mejor ejemplo. No busques con tus acciones unas consecuencias ya premeditadas, intenta situarte imparcial en la situación y responder a ella con responsabilidad, autenticidad, con alegría y con amor hacia ti y también a los demás (a través del respeto, de la escucha, de la humildad…) Toda persona desea ser oída, todo ser humano anhela despertar interés en otros  –es parte de una estrategia trazada ya en nuestro mapa genético–  sitúate ahí, en ese punto; escucha, observa a tu interlocutor, intenta comprender sus razones (comprender no es compartir) y las emociones que subyacen en su tono de voz, en los gestos de su rostro, en su corporalidad y, al fin, en sus palabras. Esta información, a poco que tu escucha sea sincera y activa, te vendrá sin esfuerzo, sin llegar a pensar en ello. La tienes y es tu responsabilidad utilizarla para una mejor comprensión de la realidad colectiva, es decir, aquella que compartimos con otros individuos.

Al compartir esta visión, estamos expandiendo nuestra actitud positiva en otros y estos, a su vez, en nosotros y en otros muchos; de manera que generamos una corriente positiva que no tiene fin y cuyos resultados son palpables en cualquier sistema humano u organización de índole diversa donde queramos implementarlo.

Responsabilidad y consciencia en nuestros actos. Todo está interconectado. 

No olvides una cosa: tu actitud te define.

Palabra de coach, Miki.

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