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Conflictos

Estamos rodeados de conflictos externos en el desempeño de nuestros distintos roles prácticamente durante todo el día. Eso sin contar con los conflictos internos que vamos arratrando como una pesada losa que lastra nuestra comunicación intra e interpersonal.

¿Quién no está preocupado en menor o mayor medida por algún conflicto en su vida? Y está claro que tratar de evitarlo no es la solución adecuada -eso no hará que desaparezca-, es más, si tomas la errónea decisión de mirar hacia otro lado, ¿que ocurriría si el conflicto empeorase, trascendiera a un nivel superior? Podríamos convertir esa situación en algo más serio, incluso irreversible.

Partamos de una idea básica: el conflicto no deja de ser la existencia de dos -o más- puntos de vista contradictorios que entran en contacto. Es decir, dos o más personas que tienen una percepción de la realidad diferente sobre un asunto en particular. ¿Cómo ordenar un armario o una habitación? ¿Cómo enfocar una tarea en equipo? ¿De qué forma priorizar los procesos en un entorno laboral? Etc., etc.

Es sencillamente imposible que todos estemos de acuerdo en todas aquellas interacciones que ejecutamos y compartimos con otros. Esta es una premisa básica. Entonces, si damos por hecho que «el otro» no tiene por qué pensar igual que yo, ¿qué activa el conflicto? ¿cuál es su principal resorte?

La primera causa, siempre, es la falta de comunicación. La comunicación requiere esfuerzo, tiempo, intención en el lenguaje, mente abierta, humildad y escucha activa. Si escuchamos con atención al otro intentando no juzgar su argumento, encontraremos, sin duda, los motivos subyacentes que avalan su postura. Esto nos facilita un grado de comprensión al que quizás no hayamos llegado anteriormente desde nuestra propia e inmóvil postura. Tratar de comprender no es compartir, ni mucho menos justificar. Pero sí abre otros caminos que pueden enriquecer los intereses de los protagonistas y te brinda la oportunidad de crecer como persona por dentro y también por fuera, esto es, en el rol que desempeñes en ese entorno conflictivo.

¿Qué no debo hacer ante un conflicto?

Huir del conflicto solamente te llevará a cronificarlo y potenciarlo. No funciona.

También podemos utilizar nuestra fuerza (posición, rol, poder). Suele acabar rápidamente con el conflicto pero provoca ruptura de comunicación y resentimiento. Lo normal en estos casos es que el conflicto surja con un mayor potencial más adelante.

Ceder siempre. Esta postura puede generar que te asignen el rol de débil y no se tenga en cuenta tu opinión o pierda peso en futuras ocasiones. Con humildad y asertividad debemos defender nuestra posición. Alguna vez está genial, no siempre.

«La diferencia entre un obstáculo y un escalón es el lugar desde dónde enfoco el asunto.»

Miki Vázquez

¿Cuál es la solución más adecuada?

Construir, entre los integrantes del conflicto, un espacio neutral donde poder exponer las necesidades e intereses de cada uno. Cada parte describe una necesidad y ambas trabajan para crear un marco donde pueda ser satisfecha. Así, paso a paso con cada uno de los inereses de las partes.

Parece fácil, pero no lo es. Porque para llegar hasta ahí, necesitamos realizar un trabajo previo con nosotros mismos. Es sumamente importante que estemos limpios de prejuicios, que tengamos voluntad de entender el conflicto: ¿por qué se ha producido?, de comprender nuestra posición dentro de él: ¿cuál es mi papel en este asunto? ¿cómo me hace sentir esto? y de entender al otro: ¿cómo entiende la otra persona el conflicto? ¿cómo se siente con esto?

Todo esto requiere una visión serena, confiada y abierta en posibilidades de solución y en oprtunidades de mejora. Marcarse un objetivo SMART que enriquezca la relación es un primer paso en la dirección adecuada.

Como siempre, esta es mi visión, un esbozo ya que este tema es mucho más profundo. No te lo creas, verifícalo con tu experiencia. El conocimiento no se convierte en sabiduría hasta que lo ponemos en práctica.

Si necesitas ayuda como individuo o en tu organización para gestionar conflictos de manera enriquecedora y productiva, no dudes en contactar. Solo llegas antes, pero acompañado llegarás más lejos.

Palabra de coach, Miki

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La diana de la positividad

Cuando colocamos el foco sobre las cosas positivas, comienzan a ocurrirnos cada vez más y más hechos positivos en nuestra vida; esto pasa porque nuestra visión de la realidad, es decir, la realidad que con nuestra actitud y nuestros actos ayudamos a construir cada día, queda «barnizada» por la energía auténtica y provechosa de nuestras acciones.

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Todo nuestro ser está impregnado de ese fantástico aroma de lo eficaz, de lo válido; nuestro paso por la oficina, la factoría, las aulas… es una compleja suma de pequeños detalles  –un gesto cordial, un guiño de complicidad, una sonrisa–  y de insignificantes pero efectivas acciones que, todas juntas, resultan imprescindibles para alcanzar una actitud afirmativa, una alternativa a lo que, por experiencia, sabemos que puede llegar a ser un nuevo pero rutinario, vacío y desmotivador día en la oficina, en la fábrica, en el aula o en casa.

No desaproveches tus días o, por lo menos, no inconscientemente. Párate a observarte. Toma cartas en el asunto, al fin y al cabo, está en juego tu vida presente y futura. Responsabilízate de tus actos con el objeto de no victimizarte y disponer del poder de mejorar los resultados obtenidos. Agradece a los demás cada gesto desinteresado e intenta no juzgarlos cuando no dicen o hacen lo que crees que debieran decir o hacer. Confía en ti y en que tu actitud positiva será el mejor ejemplo. No busques con tus acciones unas consecuencias ya premeditadas, intenta situarte imparcial en la situación y responder a ella con responsabilidad, autenticidad, con alegría y con amor hacia ti y también a los demás (a través del respeto, de la escucha, de la humildad…) Toda persona desea ser oída, todo ser humano anhela despertar interés en otros  –es parte de una estrategia trazada ya en nuestro mapa genético–  sitúate ahí, en ese punto; escucha, observa a tu interlocutor, intenta comprender sus razones (comprender no es compartir) y las emociones que subyacen en su tono de voz, en los gestos de su rostro, en su corporalidad y, al fin, en sus palabras. Esta información, a poco que tu escucha sea sincera y activa, te vendrá sin esfuerzo, sin llegar a pensar en ello. La tienes y es tu responsabilidad utilizarla para una mejor comprensión de la realidad colectiva, es decir, aquella que compartimos con otros individuos.

Al compartir esta visión, estamos expandiendo nuestra actitud positiva en otros y estos, a su vez, en nosotros y en otros muchos; de manera que generamos una corriente positiva que no tiene fin y cuyos resultados son palpables en cualquier sistema humano u organización de índole diversa donde queramos implementarlo.

Responsabilidad y consciencia en nuestros actos. Todo está interconectado. 

No olvides una cosa: tu actitud te define.

Palabra de coach, Miki.